Avís | Aviso

Avís | Aviso
=> Versió en català (la primera part de l'entrada)
=> Versión en castellano (a continuación del texto catalán)

dimecres, 3 d’agost de 2016

Sofistes --- Sofistas

[Entrada 134]

Sofistes


Els diccionaris els qualifiquen de filòsofs, malgrat que altres filòsofs com Sòcrates, Plató o Aristòtil no els hi van considerar. Eren una mena de mestres ambulants que oferien els seus ensenyaments sovint a canvi de diners. Es guanyaven la vida preparant els alumnes per a la vida a la polis mitjançant l'ensenyament del llenguatge, la capacitat d'argumentar, persuadir, i/o mostrar les implicacions de qualsevol qüestió. Plató criticava els sofistes pel seu formalisme i les seves trampes dialèctiques, mentre pretenien ensenyar la virtut i humanisme.

Havien de "poder convertir en sòlids i forts els arguments més febles", deia Protàgores. Gòrgies afirmava que amb les paraules es pot enverinar i extasiar. Es tracta, doncs, d'adquirir el domini dels raonaments enganyosos. L'art de la persuasió no està al servei de la veritat sinó dels interessos de qui parla. No creien que l'ésser humà fos capaç de conèixer una veritat vàlida per a tots, tot afirmant que cadascú té "la seva" veritat. D'Aristòtil provindrà el sentit pejoratiu: sofista és qui utilitza el sofisma per a raonar. No oblidem que un sofisma és un argument capciós, un sil·logisme viciós, per fer passar com a veritat el que és fals.

Tot i que avui es creu que la causa principal del seu poc prestigi davant dels seus coetanis era degut al fet que cobraven pels seus ensenyaments, en realitat el seu poc prestigi està justificat perquè practicaven l'art de la persuasió, que no estava ni està al servei de la veritat sinó dels interessos de qui parla.

Aquesta art, la de la persuasió, és la principal eina dels polítics del món, tant dels del passat com dels del present. Avui en dia molts d'ells recorren a filòsofs, historiadors, psicòlegs i altres professionals del pensament i les emocions humanes per trobar arguments que els permetin defensar els seus interessos i els dels lobbies que els financen.

Entenc que els sofistes van fer palès que el pensament basat només en el raonament, en l'argumentació especulativa, admet qualsevol conclusió. Em costa molt d'entendre i acceptar que admetem que els polítics i els seus partits juguin amb nosaltres d'aquesta manera, amb una fal·làcia darrera l'altra, tot fent promeses que tots sabem que no compliran, ja que no es mouen pels nostres interessos, sinó pels dels grups de pressió que tenen darrere, i el seu únic interès personal és fer seu el poder i mantenir-s'hi tant de temps com puguin, és a dir, guanyar les següents eleccions. I de fet no són més que tontos útils.

Sóc un amant de la veritat i, en conseqüència, de la ciència que intenta esbrinar que és real. No puc amb els sofistes i la seva argumentació.

Una abraçada.








Sofistas


Los diccionarios y enciclopedias los califican de filósofos, a pesar de que otros filósofos como Sócrates, Platón o Aristóteles no los consideraron tal cosa. Eran una especie de maestros ambulantes que ofrecían sus enseñanzas a menudo a cambio de dinero. Se ganaban la vida preparando a los alumnos para la vida en la polis mediante la enseñanza del lenguaje, la capacidad de argumentar, persuadir, y/o mostrar las implicaciones de cualquier cuestión. Platón criticaba los sofistas por su formalismo y sus trampas dialécticas, mientras pretendían enseñar la virtud y humanismo.

Tenían que "poder convertir en sólidos y fuertes los argumentos más débiles", decía Protágoras. Gorgias afirmaba que con las palabras se puede envenenar y embelesar. Se trata, pues, de adquirir el dominio de los razonamientos engañosos. El arte de la persuasión no está al servicio de la verdad sino de los intereses de quien habla. No creían que el ser humano fuera capaz de conocer una verdad válida para todos, afirmando que cada uno tiene "su" verdad. De Aristóteles provendrá el sentido peyorativo: sofista es quien utiliza el sofisma para razonar. No olvidemos que un sofisma es un argumento capcioso, un silogismo vicioso, para hacer pasar como verdad lo que es falso.

Aunque hoy se cree que la causa principal de su poco prestigio ante sus coetáneos era debido a que cobraban por sus enseñanzas, en realidad su poco prestigio está justificado porque practicaban el arte de la persuasión, que no estaba ni está al servicio de la verdad sino de los intereses de quien habla.

Esta arte, la de la persuasión, es la principal herramienta de los políticos del mundo, tanto de los del pasado como de los del presente. Hoy en día muchos de ellos recurren a filósofos, historiadores, psicólogos y otros profesionales del pensamiento y las emociones humanas para encontrar argumentos que les permitan defender sus intereses y los de los lobbies que los financian.

Entiendo que los sofistas pusieron de manifiesto que el pensamiento basado sólo en el razonamiento, en la argumentación especulativa, admite cualquier conclusión. Me cuesta mucho entender y aceptar que admitamos que los políticos y sus partidos jueguen con nosotros de esta manera, con una falacia tras otra, haciendo promesas que todos sabemos que no cumplirán, ya que no se mueven por nuestros intereses, sino por los de los grupos de presión que tienen detrás, y su único interés personal es hacer-se con el poder y mantenerse en él tanto tiempo como puedan, es decir, ganar las siguientes elecciones. Y de hecho no son más que tontos útiles.

Soy un amante de la verdad y, en consecuencia, de la ciencia que trata de averiguar que es real. No puedo con los sofistas y su argumentación.

Un abrazo.


10 comentaris:

  1. "Más vale morir de pie, que vivir de rodillas".

    "Socializar las pérdidas y privatizar las ganancias".

    "La destrucción del estado del bienestar".

    "Con nuestras políticas haremos que los ricos paguen más impuestos".

    "Todos los políticos son unos corruptos".

    "Ésto, es democrácia; no lo que hacen otros".

    "La 'verdad' es un dogmatismo; esa, será tu verdad".

    "Todo es relativo, las verdades absolutas no existen".

    ¡Para qué seguir...!

    ResponElimina
    Respostes
    1. Claro... Tu no eres dogmático ¿verdad?

      Elimina
    2. jejeje... tu comentario se ajusta perfectamente al último ejemplo de frases hechas que, a base de repetirse, los sofistas quieren convertir en evidencias.

      Elimina
    3. No tienes remedio, tus sofismas te delatan...

      Elimina
  2. Carl Sagan decía que ser inteligente no es lo mismo que saber. La inteligencia significa ser capaz de obtener y procesar información. Saber significa poseer el juicio correcto. Es curioso lo mucho que nos cuesta a veces diferenciar entre ambas cosas.
    Ni todos los juicios son correctos, ni tampoco existen tantas "verdades" como personas. Obviamente pueden existir diferentes perspectivas sobre un mismo hecho, pero más allá de meras opiniones o juicios de valor, cuando dos afirmaciones se contradicen entre si significa que al menos una es falsa. Esta es la base misma del conocimiento.
    Creo que era el bueno de Confucio el que afirmaba que existían tres caminos para llegar al saber o a la verdad, uno fácil, que es el de la imitación , uno difícil que es el de la reflexión, y uno amargo que es el de la experiencia. Los seres humanos somos inquietos y curiosos por naturaleza, pero tendemos a evitar las dificultades y las adversidades. El grueso de nuestro conocimiento suele ser mayoritariamente el fácil, es decir, el adquirido, o imitado. Decidir que o a quien creer es en último término un acto de voluntad, y solemos otorgar mayor credibilidad a quien afirma desde una buena capacidad intelectual, adornada con talento para la oratoria, que a quien, con poca formación académica, habla por por la voz de cien aňos de experiencia. Estamos convencidos de que el primero "sabe más", aunque como decía Sagan, únicamente hayamos constatado en él su inteligencia. También tendemos a preferir las mentiras bonitas antes que las verdades incómodas. Por eso somos capaces de seguir confiando en que o en quien nos ha traicionado. Porque a veces no queremos asumir la verdad y entonces la sustituimos por aquello que nos gustaría que fuese cierto. De esta forma somos capaces de ignorar hasta las mayores evidencias y creernos por ejemplo descendientes del paraiso de Adán y Eva, porque nos horroriza la idea de un lodazal primitivo junto con un montón de simios como parentela. Millones de personas en el mundo, perfectamente inteligentes, siguen totalmente convencidas de ello. Milenios de evolución nos obsequiron con un don que seguramente no posea ningún otro ser vivo, la capacidad de engaňarnos a nosotros mismos.

    Un abrazo
    Pucho

    ResponElimina
    Respostes
    1. Tu razonamiento está justamente viendo el lado contrario del que propongo en mi texto en el que intento razonar que en cierta forma estamos como ya estuvieron en las polis de la antigua Grecia y en la Roma republicana, en manos de sofistas y me lamento de que no reaccionemos. Tu análisis va por la vía de los comportamientos humanos tal como nos los estamos planteando hoy en día.

      Lo malo es que yo creo que eso que tú en cierta forma justificas, para mí está perfectamente dirigido y orquestado para conseguir ese conformismo en el que me parece que nos sitúas.

      Muchas gracias por la aportación siempre tan interesante, de tu comentario.

      Un abrazo

      Elimina
  3. Efectivamente ambos analizamos una misma realidad desde perspectivas diferentes. En mi opinión no has tenido en cuenta lo diferente que debía ser la ciudadanía de la antigua Grecia, que por fuerza se enfrentaría a enormes limitaciones (empezando por ser en su inmensa mayoría iletrados) con la de hoy en día. Ahora nos pasamos un buen número de aňos de enseňanza obligatoria habilitando (se supone) la capacidad para el escrutinio riguroso, la deducción y el análisis en un mundo de información prácticamente ilimitada. Los sofistas sólo pueden triunfar hoy en día (y vamos a obviar la otra más que probable distancia entre la capacidad y talento argumental de los que tu describes frente a la mediocridad de nuestros líderes de opinión actuales) gracias al consentimiento, o mejor dicho, con la complicidad de la propia ciudadanía.
    Numerosos estudios demuestran que la diversidad, el volumen y la forma de transmisión que utilizan las tecnologías de la información actuales inciden de manera negativa en la capacidad de concentración, comprensión y profundización de los contenidos lo cual se traduce en una merma, o incluso en la destrucción misma del pensamiento autónomo. Pero nadie nos obliga a pasar la vida viendo la tele o revoloteando por internet en lugar de leer un ensayo. Esto forma parte de la responsabilidad individual de cada uno. Lo cierto es que nuestra sociedad no tiene entre sus máximas aspiraciones conocer la verdad. Tiende principalmente al hedonismo. A la mayoría no le importa demasiado la verdad si puede echar mano de una mentira sencilla, inmediata y agradable con la que reconfortarse. Asumamamos que esto es así y dejemos ya a un lado nuestro papel de víctimas para empezar a reconocernos como parte del problema.

    Un abrazo
    Pucho

    ResponElimina
    Respostes
    1. Sin duda no se pueden comparar épocas distintas sin más porque las diferencies culturales, de costumbres, de inquietudes, etc. pueden cambiar incluso el sentido de un texto. Por ejemplo, en la famosa democracia ateniense, solo tenían voto los hombres adultos, libres (no esclavos) y no extranjeros.

      Tampoco discutiré que en aquellos tiempos es muy probable que fuera poca la gente que oponer sus argumentos a los grandes filósofos y sofistas. No nos engañemos, tampoco es que hoy en día haya mucha gente capaz de hacerlo a pesar de haber sido escolarizadas desde su más tierna infancia.

      También puedo estar de acuerdo contigo en que nuestra educación es más programativa que formativa y que en consecuencia el sentido crítico de la mayoría población es bastante bajo.

      Además creo que la situación política de la mayoría de países es poco ética, por no decir totalmente inmoral…

      A pesar de todo creo que a pesar de que tu enfoque y el mío sean contrapuestos, creo que estamos diciendo lo mismo ya que si las cosas son como son no es casualidad, sino gracias a que la mayoría de nosotros, lo estamos consintiendo. Aunque ni tú ni yo estemos en esa mayoría.

      Un abrazo.

      Elimina
    2. Excelente reflexión.

      Un abrazo.
      Pucho

      Elimina